Blog ACM: La carrera por la exploración minera
Por: Sebastian Martínez – Director Económico ACM
La exploración minera es la base de cualquier desarrollo, el que se piense: minero, por supuesto, pero igualmente en infraestructura, en transición energética, en seguridad alimentaria, en seguridad energética, en oportunidades para los territorios de empleo y encadenamientos y, en general, de cualquier actividad que podamos imaginar en un mundo moderno repleto de minerales. En los servidores que hacen posible la inteligencia artificial, en los molinos que hacen posible la generación de energía eólica, en los paneles solares, en la refrigeración, en la transmisión, en las baterías, en los fertilizantes, en los celulares, en los televisores, en la automatización de la vida… Minerales que por su alta demanda son cada vez más insuficientes. Por eso la exploración es fundamental, porque tenemos que construir cadenas de valor cada vez más sostenibles y los hallazgos de minerales son los únicos que permitirán habilitar la vida moderna, devolviendo grandes oportunidades de desarrollo en el territorio.
Pero no es una actividad económica sencilla. Se aleja por mucho de la lógica de cualquier actividad productiva. Ninguna actividad tiene tanto riesgo, ninguna actividad tiene retornos esperados de capital de tan largo plazo.
Estudios de National Academies of Sciences, Engineering, and Medicine de Estados Unidos, del World Gold Council, de Colorado School of Mines y muchos otros autores como Roderick G. Eggert o Gandhi y Sarkar han establecido con rigor una frase que es común entre los geólogos: 1 de cada 1.000 (incluso 1 de cada 10.000) sitios prospectados llega a convertirse en una mina productiva, una probabilidad inferior al 0,1% de que un prospecto minero conduzca al desarrollo de una mina. Ningún emprendedor inicia un modelo de negocio con tan bajas probabilidades de éxito.
De otra parte, las inversiones que se realizan para avanzar en la exploración: geología, estudios hídricos, ambientales y sociales, geoquímica, geofísica son inversiones que no reciben un retorno distinto al del conocimiento geológico, sin ingresos ni utilidades. Claro, las comunidades se benefician de una actividad de muy bajo impacto y del que el 88% de las inversiones se quedan en el país, el mundo se beneficia de ampliar posibilidades de suministro de las nuevas cadenas de valor y el inversionist trabaja con alto riesgo para esperar un retorno que solo sucederá en algunos varios años si es que el prospecto es exitoso.
Los países han entendido que no es un modelo sencillo, que los recursos para la inversión minera son limitados y que a pesar de la realidad sobre las brechas en el suministro de minerales, la inversión global en exploración se ha mantenido estancada alrededor de 12 billones de dólares. Es así como la competencia por atraer recursos de exploración se ha intensificado, y quienes ofrecen mejores condiciones capturan los capitales que generan conocimiento, empleo y desarrollo. Ya no solo pasa por un mensaje claro para la inversión, sino además por establecer distintas señales que le permitan a un inversionista apostar por consolidarse en un país, con inversiones de largo plazo, que habilitan distintas fases del desarrollo territorial.
Países como Canadá han establecido un sistema de Flow-Through Shares que permite que los inversionistas de empresas junior —aquellas que realizan las primeras fases de exploración— deduzcan de su base impositiva el 100% de los gastos de exploración que efectúan estas compañías – provincias como Ontario han establecido programas que financian hasta el 50% de los gastos iniciales de exploración -. Australia, por su parte, cuenta con el Junior Minerals Exploration Incentive (JMEI), un programa que entrega créditos fiscales directamente a los inversionistas que adquieren acciones de empresas exploradoras, permite la depreciación inmediata del 100% de los gastos de exploración y ofrece un crédito fiscal del 10% sobre el costo del procesamiento y refinación de minerales críticos. Argentina ha dado un giro significativo en los últimos años, con la implementación del Régimen de Incentivos para Grandes Inversiones (RIGI) el país ofrece estabilidad fiscal por 30 años, una reducción del impuesto a la renta corporativa del 35% al 25%, la exención de aranceles de importación para bienes de capital y la posibilidad de acceder a mecanismos de arbitraje internacional – este esquema, combinado con la Ley de Inversiones Mineras de 1993 que ya otorgaba estabilidad fiscal y la deducción del 100% de los gastos de exploración, ha posicionado a Argentina como el sexto destino mundial en presupuestos de exploración -. Perú, el tercer productor mundial de cobre, ofrece la devolución del Impuesto General a las Ventas (equivalente al IVA) para los gastos en exploración que superen los 500.000 dólares. Además, sus Convenios de Estabilidad Jurídica garantizan condiciones tributarias invariables por 10 años. Estados Unidos ha implementado créditos fiscales del 10% sobre el costo de producción de minerales críticos, fondos por 10.000 millones de dólares para proyectos de energía avanzada a través de la Inflation Reduction Act, y leyes como la FAST-41 para agilizar los permisos de proyectos estratégicos. En África, países como Nigeria, que buscan diversificar su economía más allá del petróleo, ofrecen exenciones del impuesto corporativo durante los tres primeros años de operación minera y la deducción del 95% del gasto de capital en exploración desde el primer año. La República Democrática del Congo y Zambia ofrecen esquemas que van desde zonas económicas especiales con exenciones totales de impuestos por hasta 20 años, hasta la depreciación acelerada del 60% en el primer año de operación.[1]
La carrera es real y Colombia se está quedando rezagada. Mientras el mundo incentiva, Colombia restringe. El país cuenta con el 97% de su territorio sin explorar, con unas condiciones geológicas envidiables y, aún así, apenas atrae menos del 1% de las inversiones globales en exploración. Se trata de entender que la exploración es la base del desarrollo minero y territorial. Sin ella, las oportunidades que tenemos en nuestro potencial geológico seguirán siendo eso: potencial. Transformarlo en desarrollo debe ser una de nuestras prioridades.
[1] Comisión Chilena del Cobre [COCHILCO]. (2025). Análisis de la exploración e incentivos a la inversión minera: experiencias extranjeras y recomendaciones para Chile.